Guía de viaje a la India

Mysore, la ciudad de los palacios

Seguramente, muy pocas ciudades en todo el mundo deban su nombre a un demonio. Mysore, una ciudad india ubicada en el estado de Karnataka, en el sur de la India, es una de ellas.

Mysore es el modo anglófono de citar a Mahishuru. Mahishuru significa la morada de Mahisha, apócope de Mahishasura, uno de los demonios más importantes de la mitología hindú.

Mysore es la segunda ciudad más importante del estado de Karnataka tras su capital, Bangalore. Durante muchas décadas, sin embargo, Mysore fue la capital del estado de Karnataka, ya que la dinastía Wodeyar, que gobernó el estado hasta la independencia del país del poder británico, la eligió como capital de su reino. Esto hace de Mysore una ciudad en la que la presencia de palacios, templos y jardines adquiere una gran importancia (se la ha llegado a llamar la Ciudad de los Palacios), lo que la convierte en una cita ineludible para todos aquellos viajeros que visiten el sur de India.

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Las cuevas de Ellora

12 cuevas budistas, 17 hindúes y 5 jainíes es nada más y nada menos que lo que ofrece al turista que visita India un enclave único conocido como las cuevas de Ellora. Conocida antiguamente como Elapura, Ellora es una localidad ubicada en el estado federal (pradesh) de Maharashtra, a unos 30 km de la ciudad de Aurangabad, en el centro oeste de la India.

Ellora es mundialmente conocida por sus monasterios y templos excavados en la roca a lo largo de una línea continua de dos kilómetros de paredes basálticas de los montes Charanandri. Las treinta y cuatro cuevas de Ellora, que han sido numeradas de sur a norte y que son una muestra colosalmente monumental de la espiritualidad de las tres religiones (hinduismo, budismo y jainismo) que, durante siglos, han convivido pacíficamente en la India, fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1983.

Para visitarlas basta coger un autobús en Aurangabad o un jeep compartido. También se puede disponer, para ir de una cueva a otra, de un servicio de rickshaw.

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Mandu

Todos los imperios acaban tarde o temprano por caer. Ésa es la enseñanza que nos deja la Historia. Por suerte, la mayor parte de ellos dejan tras de sí alguna serie de restos que nos ayudan en cierto modo a reconstruir cómo fueron y a imaginarlo. Un país milenario como la India obedece a esta máxima y nos ofrece un magnífico catálogo de restos arqueológicos que permite reconstruir el ayer de un país con tantos recovecos históricos como rincones maravillosos para visitar.

Uno de esos rincones es la localidad de Mandu. Situada en el noreste de la India, en el estado de Jharkhand, Mandu fue durante muchos años capital de un impero. Sus defensas naturales (la meseta de Malwa al norte y el valle del río Narmandá al sur), unidas a su fortificación artificial (Mandu posee unas murallas con 37 kilómetros de longitud y 12 puertas de entrada) le permitieron mantener este privilegio. Es precisamente dentro de ese recinto amurallado donde podemos encontrar una excelente colección de palacios, mezquitas y templos jainistas del siglo XIV.

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Jaipur, la ciudad rosa

Jaipur es una de las ciudades imprescindibles en todo viaje a la India. Conocida como “la ciudad rosa”, Jaipur fue construida con estuco rosado para, de ese modo, imitar la arenisca de las tierras circundantes. Ese color rosa asalmonado está asociado a dos conceptos. Uno de ellos es el de la suerte. El otro, el de la hospitalidad.

Jaipur, fundada en 1728 por el maharajá Jai Singh II, no es una ciudad milenaria como lo es Benarés. Jaipur es una ciudad pre-moderna, mucho más racional en su urbanismo que la ciudad asentada a orillas del Ganges. El diseño urbanístico de Jaipur, inspirado en el Shilpa Sastra, un antiguo tratado de arquitectura hindú en el que se recogen los principios de la arquitectura perfecta, la convierten en una ciudad simétrica dividida en nueve cuadrantes y rodeada por una muralla almenada con once puertas de entrada a la ciudad. De los nueve cuadrantes que forman Jaipur, dos de ellos están ocupados por dependencias palaciegas. Las calles principales de Jaipur tienen 33 metros de anchura con unas calzadas de 4 metros.

Ubicada 260 kilómetros al suroeste de Delhi, con la que está conectada, además de por una buena carretera, por tren y por avión, y 240 al oeste de Agra, en mitad de un paisaje semidesértico, Jaipur posee un importante patrimonio histórico-artístico. Con unos bazares tan atractivos como multicolores, unos opulentos y llamativos palacios y los havelis de los comerciantes (típicas casas con patio), Jaipur es uno de esos destinos que abundan en la inmensa India y en los que no faltan diversos lugares de inexcusable visita.