Guía de viaje a la India

Hampi: templos y ruinas en mitad del roquedal

En el estado de Karnataka, en el sudoeste de la India, puede encontrar todo turista que acuda a India uno de los paisajes más fascinantes del por otro lado siempre fascinante país asiático. Ese paisaje es fruto de la combinación de dos elementos. El primero de ellos es la actividad volcánica que tuvo lugar en la zona hace millones de años. El segundo, el paso del tiempo y, con él, de la lluvia, el viento, el sol, el frío o el calor sobre dicho paisaje. Es decir: la erosión. El efecto de ésta sobre ese terreno de origen volcánico ha permitido la existencia de un paisaje tan fascinante y único como el que se extiende en los alrededores de Hampi.

Hampi, a la que también se la conoce como Ciudad de la Victoria, fue en su día la capital del imperio Vijayanagara. Antes de eso, Hampi había sido un importante centro religioso, una ciudad sagrada. De todo ese pasado esplendoroso ha llegado hasta nuestros días un conjunto de ruinas que fueron declaradas por la UNESCO en 1986 Patrimonio de la Humanidad.

En Hampi, el viajero que acuda a la India puede encontrar esculturas, pinturas, sistemas de irrigación, fortificaciones, jardines, palacios, etc.

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Akshardham: un templo milenario con una década de historia

No todos los templos deben sostener sobre sus cimientos el peso de la historia ni ser una reliquia que ha sobrevivido al paso de los siglos para convertirse en referentes de una religión, por muy milenaria que dicha religión sea. Akshardham, un complejo de templos hinduistas ubicado en Nueva Delhi e inaugurado oficialmente en noviembre de 2005, es una muestra de hasta qué punto una construcción moderna puede, en el imaginario de los fieles de una religión, convertirse en centro de peregrinación o, al menos, de visita.

Hay datos que hablan de cómo el 70% de las personas que visitan Nueva Delhi acaban, tarde o temprano, visitando Akshardham. Eso se traduce en una cifra sin duda estratosférica: Akshardham es visitado cada día por unas 10.000 personas.

Akshardham significa “la morada divina y eterna del Dios supremo”.

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Darjeeling: té y mucho más a los pies del Himalaya

Té, teca, turismo, trenes de juguete, tigres y trekking. Como ves, las seis palabras anteriores empiezan por la letra T. Y ésas son, principalmente, las seis cosas que puedes encontrar en Darjeeling, una ciudad india del estado de Bengala Occidental ubicada en los montes Shivalik, en la cadena inferior del Himalaya, y a la que podríamos llamar, por lo anteriormente expuesto, la ciudad de las 6T.

Si atendemos a la etimología de su nombre, Darjeeling surge de la combinación de dos palabras tibetanas que podrían traducirse, combinadas, por algo así como “La tierra del rayo”. Su clima cálido la convirtió, en la época de la ocupación británica, en un lugar de veraneo para los británicos que, llegado el estío, intentaban huir de las altas temperaturas de las llanuras indias. Ubicada a algo más de dos mil metros de altitud, Darjeeling, con el telón de fondo del Himalaya, les garantizaba ese frescor necesario para hacer más llevaderos los veranos.

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Bangalore, entre flores y chips

“Ciudad Jardín” o “Silicon Valley de la India” son dos de los sobrenombres que se dan a la que es la quinta ciudad más poblada de India. Bangalore (Bengaluru, en canarés) está situada en el sureste de India, es la capital del estado de Karnataka y es una de las ciudades más dinámicas del estado. Abierta al capital extranjero, Bangalore es hoy uno de los mayores centros económicos de la India.

Sede de varias empresas estatales de la industria pesada y militar y, sobre todo, de las más importantes empresas de software, telecomunicaciones e ingeniería aeroespacial, Bangalore es algo más que una ciudad exportadora de tecnología informática con más de 9 millones de habitantes. Si se la llama “Ciudad Jardín”, por ejemplo, es por su inigualable colección de parques y jardines que destacan por su exuberante frondosidad. Y no hay que despreciar sus templos, mezquitas, iglesias y un curioso palacio heredado de la época británica y que guarda un razonable parecido con el palacio de Windsor.

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Udaipur, la Venecia de Oriente

La Venecia de Oriente, la ciudad de los 100 lagos, la Venecia India, el lugar más romántico del subcontinente, la ciudad blanca… de todas estas maneras se ha llamado a Udaipur, una ciudad situada en el noroeste de India, en el estado federal de Rajastán.

Udaipur fue fundada por el maharajá Udai Singh II y fue la capital del antiguo reino de Mewar. Para llegar a ella puede tomarse un tren en New Delhi o en Jaipur, aunque el bus ofrece una mayor frecuencia de servicios y una mayor rapidez.

Udaipur, además de ofrecer amplias zonas por las que pasear, oferta también al turista que la visite una amplia oferta tanto hostelera como gastronómica.

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La tumba de Humayun

Si alguna imagen ha traspasado fronteras de tiempo y espacio y se ha convertido en el símbolo de cualquier viaje a India ésa es la majestuosa estampa del Taj Mahal. Al maravilloso edificio de Agra ya dedicamos un artículo en esta sección. Ahora toca prestar rendido homenaje a una construcción que es antecedente e inspiradora directa del Taj Mahal. Esta construcción de la que hablamos es la llamada tumba de Humayun y se encuentra en Delhi, el seductoramente caótico centro administrativo del país asiático y lugar de residencia de casi 14 millones de personas.

La tumba de Humayun es un complejo de edificios de arquitectura mogol. En ese complejo se encuentra la tumba del emperador Humayun (que fue el segundo emperador del imperio mogol), al igual que una serie de tumbas, mezquitas y otro tipo de construcciones. Considerado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad desde 1993, el complejo arquitectónico de la tumba de Humayun es una de las primeras muestras del arte arquitectónico mogol. Su perfecta conservación y su belleza lo convierten en un lugar de inexcusable visita.

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Mysore, la ciudad de los palacios

Seguramente, muy pocas ciudades en todo el mundo deban su nombre a un demonio. Mysore, una ciudad india ubicada en el estado de Karnataka, en el sur de la India, es una de ellas.

Mysore es el modo anglófono de citar a Mahishuru. Mahishuru significa la morada de Mahisha, apócope de Mahishasura, uno de los demonios más importantes de la mitología hindú.

Mysore es la segunda ciudad más importante del estado de Karnataka tras su capital, Bangalore. Durante muchas décadas, sin embargo, Mysore fue la capital del estado de Karnataka, ya que la dinastía Wodeyar, que gobernó el estado hasta la independencia del país del poder británico, la eligió como capital de su reino. Esto hace de Mysore una ciudad en la que la presencia de palacios, templos y jardines adquiere una gran importancia (se la ha llegado a llamar la Ciudad de los Palacios), lo que la convierte en una cita ineludible para todos aquellos viajeros que visiten el sur de India.

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Fatehpur Sikri, la ciudad fantasma

Si alguien quiere comprobar lo que el tiempo puede hacer con las ciudades sólo tiene que acudir a Fatehpur Sikri, una ciudad que está cerca de Agra, en el estado de Uttar Pradesh, en el noroeste de la India. O sea: a tiro de piedra del Taj Mahal. Quien acuda a visitar el archiconocido mausoleo construido a orillas del río Yamuno no debería olvidar el visitar Fatehpur Sikri. Esta ciudad, que parece hoy una ciudad fantasma, fue en su tiempo capital del Imperio Mogol. ¿Qué condujo a esta ciudad a ese declive? Fue la falta de agua, por lo que se ve, lo que hizo que los habitantes de Fatehpur Sikri tuvieran que abandonar esta ciudad.

Fatehpur Sikri nació en el siglo XVI gracias al deseo del emperador Akbar de instalar en esas tierras su cuartel general. Akbar, angustiado por no poder tener hijos, acudió a consultar a Salim Christi, un ermitaño sufí que vivía en la colina de Sikri. El santo ermitaño le dio su bendición y Akbar pudo tener tres hijos. En agradecimiento al santo, Akbar decidió construir en la colina de Sikri una gran ciudad que se llamaría Fatehpur o Ciudad de la Victoria. Finalmente, la escasez de agua hizo que fuera el fuerte de Agra, mucho más abastecido, quien sirviera para defender esas tierras y para acoger a la familia imperial. Así, Fatehpur Sikri fue ocupada solamente durante 14 años (los que van del 1571 al 1585).

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Las cuevas de Ellora

12 cuevas budistas, 17 hindúes y 5 jainíes es nada más y nada menos que lo que ofrece al turista que visita India un enclave único conocido como las cuevas de Ellora. Conocida antiguamente como Elapura, Ellora es una localidad ubicada en el estado federal (pradesh) de Maharashtra, a unos 30 km de la ciudad de Aurangabad, en el centro oeste de la India.

Ellora es mundialmente conocida por sus monasterios y templos excavados en la roca a lo largo de una línea continua de dos kilómetros de paredes basálticas de los montes Charanandri. Las treinta y cuatro cuevas de Ellora, que han sido numeradas de sur a norte y que son una muestra colosalmente monumental de la espiritualidad de las tres religiones (hinduismo, budismo y jainismo) que, durante siglos, han convivido pacíficamente en la India, fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1983.

Para visitarlas basta coger un autobús en Aurangabad o un jeep compartido. También se puede disponer, para ir de una cueva a otra, de un servicio de rickshaw.

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Mandu

Todos los imperios acaban tarde o temprano por caer. Ésa es la enseñanza que nos deja la Historia. Por suerte, la mayor parte de ellos dejan tras de sí alguna serie de restos que nos ayudan en cierto modo a reconstruir cómo fueron y a imaginarlo. Un país milenario como la India obedece a esta máxima y nos ofrece un magnífico catálogo de restos arqueológicos que permite reconstruir el ayer de un país con tantos recovecos históricos como rincones maravillosos para visitar.

Uno de esos rincones es la localidad de Mandu. Situada en el noreste de la India, en el estado de Jharkhand, Mandu fue durante muchos años capital de un impero. Sus defensas naturales (la meseta de Malwa al norte y el valle del río Narmandá al sur), unidas a su fortificación artificial (Mandu posee unas murallas con 37 kilómetros de longitud y 12 puertas de entrada) le permitieron mantener este privilegio. Es precisamente dentro de ese recinto amurallado donde podemos encontrar una excelente colección de palacios, mezquitas y templos jainistas del siglo XIV.